Modos de ver, formas de entender

his masters voice

Nuestra forma de ver y entender el mundo está fuertemente influenciada por el tipo de educación recibida. Cada sistema educativo tiene como misión principal producir el tipo de individuos que la sociedad demanda en ese momento para su correcto funcionamiento y para una integración funcional de aquellos.

La escuela, tal como la conocemos a día de hoy, representa una herencia directa de la era industrial. Las grandes factorías de la época de los Ford y los Carnegie generaban una actividad muy intensiva en mano de obra entorno a grandes núcleos urbanos. Así, mientras los trabajadores venidos principalmente de zonas rurales desarrollaban extensas jornadas laborales, convenía que sus hijos permanecieran igualmente ocupados por espacio de tiempo similar.

Los pequeños, de esta forma, eran introducidos a través de la escuela a modo de preámbulo a lo que más tarde sería la vida en la fábrica. Las enseñanzas primordiales de tal sistema auspiciado precisamente por las principales familias de industriales, no eran otras que la adquisición de una serie de competencias que tenían que ver con la puntualidad y el cumplimiento de horarios, la división del trabajo y el respeto a la autoridad jerárquica, la compartimentación del conocimiento y la realización de tareas repetitivas. Estas eran, en suma, las cualidades más importantes para desenvolverse en el mundo de la producción en cadena.

Desgraciadamente el poso subyacente de tal educación ha permanecido invariable durante más de un siglo, con ligeros cambios cosméticos en los planes educativos pero representando en su esencia el mismo modelo de pensamiento. Como consecuencia de ello, nuestra forma de enfrentarnos al aprendizaje y la búsqueda del conocimiento es mediante la fragmentación del mismo, siguiendo las pautas clásicas de la división del trabajo de la fábrica decimonónica.

No obstante, lo que resulta adecuado para un tipo de organización social no lo ha de ser necesariamente para otra. La sociedad del conocimiento actual caracterizada por niveles crecientes de complejidad, correlación e interdependencias demanda un nuevo tipo de individuos capaces de pensar de forma holística y con recursos suficientes para navegar eficazmente en la marea de datos que nos abruman. Individuos capaces de ver más allá de los eventos particulares para descubrir las grandes tendencias y las fuerzas subyacentes que desencadenan los cambios relevantes.

Esta nueva forma de pensar requiere cambiar el paso de costumbres mentales y verdades comúnmente aceptadas para desarrollar nuevos modos de entendimiento global donde los hechos se ven en el contexto más grande de su red de conexiones.

About Valentín Iglesias

Consultor de marca, diseñador y guitarrista de jazz.

2 comments

  1. pepe

    Hola Valentín. Es curiosa la manera de percibir que tiene el ser humano. Damos más crédito a la interpretación de los hechos que a éstos por si mismos. Parece que en algunos casos hasta los órganos sensoriales son súbditos de la maquinaria del pensamiento. Fíjate en los ojos por ejemplo; ¿hasta que punto ejercen su función? ¿La ejercen, o ven a través de un conjunto de condicionantes?
    Me pregunto si las escuelas han ido cegando los ojos, volviendo sordos los oídos e inutilizando el resto de sentidos con los cuales nos relacionamos con el mundo. ¿Es la cultura como la concebimos actualmente un factor degradante de la mente humana y su forma de entender las cosas? Como cultura no me refiero a ir al teatro o leer poesía o música culta, voy más allá, me refiero al caudal de conocimiento que tiene el ser humano en su conjunto y como lo gestiona.
    A mi me parece que el contacto que tenemos con las cosas, no lo es tanto, No existe contacto con el mundo tal y como es porque nuestros sentidos y nuestra mente no saben como mirar sin información en absoluto. Me refiero a mirar algo en su desnudez, sin datos.

  2. hola Pepe, es una alegría infinita contar con tus comentarios siempre certeros, profundos y a la vez sencillos. Es tal como lo dices, en realidad el contacto que tenemos con el mundo es con el mundo de las ideas. Nuestros órganos de percepción son sensores pre-condicionados por la atención en primer lugar y después por el pre-juicio, es decir: intentamos dar sentido a lo que percibimos en función de lo que sabemos. Esto tiene dos consecuencias inmediatas, la primera es que es muy posible que ese marco de entendimiento o de referencias sea erróneo o cuando menos sesgado y la segunda y más importante es que nuestra mente se desenvuelve en un conjunto de signos tremendamente abstractos y arbitrarios los cuales tienen solo una relación de proximidad con la realidad; es decir, esto nos hace vivir en una especie de realidad paralela. Existen casos de invidentes de nacimiento que por un milagro de la medicina quirúrgica han recuperado la vista y curiosamente pese a percibir estímulos las cosas carecen de significado para ellos. En cierto sentido esa mirada que pisa la nieve por primera vez es un tesoro que la cultura nos impide tener. La experiencia queda grabada en las neuronas como el surco que hace el agua en la tierra y así la próxima vez que llueva el cauce ya está predefinido. Lo mismo pasa con nuestras ideas.

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