Fabricando un ídolo

buckethead
Prácticamente desde sus inicios, la industria discográfica ha estado buscando la fórmula mágica del éxito comercial. Desde cual debería ser la duración media de una canción, la secuencia armónica del tema o el tempo exacto a que debía ser grabada. Todos estos intentos de racionalizar lo que han sido manifestaciones espontáneas para poder replicar los mismos efectos a voluntad son, por un lado, una forma simplista de querer reducir las variables del éxito a unos poco factores y, por otro, un síntoma claro de miopía sistémica. Determinados fenómenos no se pueden repetir si no se dan las condiciones de entorno que dieron lugar al fenómeno original. Este enfoque reduccionista ha derivado en una homogeneidad altísima en la gran mayoría de productos musicales de consumo.

Y del mismo modo que se ha buscado la esencia del tema musical de éxito por antonomasia, igualmente se ha querido estereotipar la imagen de los propios artistas, hasta el punto en que la figura y lo que representa se convierten en el vehículo de dicho éxito más allá del contenido de su arte. Así, junto a productores, arreglistas, músicos de sesión y todo tipo de profesionales del mundo musical, la estrella contemporánea se rodea de toda una serie de asesores de imagen, estilistas, relaciones públicas, entrenadores personales, expertos en nutrición, publicistas y hasta consejeros espirituales. Se trata, por tanto, de fabricar una imagen ideal y de gestionar dicha imagen en todas sus facetas de exposición pública.

Con el advenimiento de las redes sociales, las grandes estrellas encuentran un canal de difusión inmediato y masivo de su música y también de su imagen. Lo que en otra época eran figuras inalcanzables que uno veía solo en determinadas ocasiones, ahora son personajes con los que se establece una relación de mayor proximidad y la sensación de casi poder compartir o penetrar en sus vidas íntimas. En cierto sentido esta mayor exposición tanto en acercamiento como en frecuencia del contacto ha propiciado también una cierta pérdida del glamour propio de épocas anteriores, pero por contra el beneficio en cuanto a difusión parece compensar la ecuación.

Otra consecuencia inmediata para la estrella en cuestión es la necesidad de estar constantemente representando un papel en detrimento de su propia vida personal. Por añadidura tenemos también una pérdida de control en la gestión de dicha imagen; así cualquiera puede sorprender al cantante de moda en una actitud poco conveniente a su imagen o con unos kilos de más en una pose poco afortunada. La distribución en exclusiva del tipo de imagen prefabricada que estrellas del pasado eran capaces de lanzar a los medios hoy día es virtualmente imposible en cuanto que cualquiera puede acechar con la cámara de un teléfono móvil y hacer pública de forma inmediata la instantánea o el vídeo menos conveniente a los intereses del personaje.

Mientras la mayoría de aspirantes al Olimpo de la fama lo intentan forzando esa exposición personal por cualquier vía, un caso curioso en extremo en el mundo musical representa justamente la estrategia opuesta. Nos referimos al guitarrista de heavy metal conocido como Buckethead (cabeza de cubo), un caso ejemplar de branding personal http://es.wikipedia.org/wiki/Buckethead. A diferencia de cualquier otro músico, Buckethead ha construido una identidad absolutamente reconocible y diferenciada dentro del mundo de la música precisamente por el camino de ocultar su verdadera identidad hasta el punto de hacer desaparecer a la persona para ceder todo el protagonismo al personaje. Buckethead siempre protagoniza sus apariciones públicas cubierto por una máscara blanca y un cubo de Kentucky fried chicken sobre su cabeza. El artista es la versión moderna de los actores del teatro griego, los cuales usaban una máscara con la cual además de representar el personaje se ayudaban de su sonoridad para proyectar la voz hacia la audiencia. El sustantivo «persona» en latín se refiere precisamente a dicha máscara usada por un personaje teatral.

Apenas se sabe nada de Brian Patrick Carroll, verdadero nombre del músico y por internet circulan numerosas imágenes donde los fans especulan con la apariencia real del guitarrista. En las escasas entrevistas que ha concedido se expresa por medio de una marioneta de peluche a la cual pone voz hablando de Buckethead en tercera persona, queriendo mostrar que quien habla es la marioneta y que el extraño personaje enmascarado no tiene voz, solo imagen y se expresa mediante su música.

En cuanto a su estilo y técnica son apabullantes, siendo reconocido como uno de los instrumentistas más dotados en su género. Sin embargo resulta muy interesante que el artista no haya confiado su éxito y notoriedad a su capacidad y virtuosismo, al fin y al cabo cada años surgen nuevos aspirantes que copan los rankings de las revistas del ramo galardonados como los guitarristas más talentosos del momento. En una jugada extremadamente inteligente, Buckethead ha renunciado en cierto sentido a depositar toda su notoriedad en las abundantes bazas que le podría proporcionar su capacidad musical para ir mucho más lejos y crear un personaje único e irrepetible, absolutamente memorable y que además es capaz de tocar con una autoridad incontestable.

En un mundo hiper-conectado donde la privacidad resulta una quimera prácticamente inalcanzable para la mayoría de las personas y aún más para los famosos, el músico californiano ha sido capaz de generar una leyenda entorno a un personaje manufacturado a costa de anular su propia imagen personal. El esfuerzo y el gasto de energía para llevar a cabo tal tarea ha debido ser ingente, lo cual nos da una pista de la disciplina y tenacidad propia de un músico determinado, absolutamente comprometido con su arte pero también perfectamente consciente de los mecanismos de la industria y los secretos de la creación de notoriedad y la construcción de una marca fuerte y diferenciada.

En cierto sentido Buckethead tiene bastante que ver con la estrategia de éxito de artistas como Lady Gaga o incluso la propia Madonna, las cuales han creado un personaje al modo del teatro griego y cuya apariencia van moldeando y haciendo evolucionar como si se tratase de la identidad gráfica de una marca de gran consumo; en este sentido Madonna es paradigmática ya que su imagen está asociada con el concepto de la re-invención cuando en realidad cada nuevo giro en su imagen lo que pretende es mantener su esencia pero adaptando su look y su música a las preferencias y estilos del momento. El mago de la guitarra, por contra, muestra una imagen inamovible, quizá por perfecta, pues en ese buscado misterio y anonimato va implícito precisamente no dejar traza alguna de evolución, nada que indique una vía de cambio y una personalidad detrás. Solo su música es susceptible de cambio.

Buckethead es el ejemplo perfecto que todo aspirante al circo de la fama debería conocer y un caso más donde la pericia en el área personal de competencia (en este caso el dominio del instrumento), por sí sola no es una variable que garantice el éxito profesional y que, en cambio, en un terreno fuertemente dominado por la comunicación, variables como la imagen, la singularidad o la capacidad mediática son mucho más trascendentes.

About Valentín Iglesias

Consultor de marca, diseñador y guitarrista de jazz.

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