La marca llamada «YO», tu activo más importante. Parte I

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Los hechos

Una persona cambia de sector y carrera profesional entre seis y siete veces a lo largo de toda su vida profesional.

El máximo nivel de ingresos por rentas del trabajo se alcanza entre los 40 y los 45 años. Pasada esta edad, los ingresos se mantienen durante un tiempo o incluso aumentan ligeramente por efecto de la antigüedad laboral y entre los 50 y 65 descienden cerca de un 30% para caer drásticamente en el momento de la jubilación. En las mujeres esta curva inicia su declive mucho antes, entre los 35 y 40 años, coincidiendo con una maternidad retrasada por dar prioridad a la carrera profesional.

En la mayoría de profesiones la empleabilidad disminuye radicalmente cruzada la barrera de los 40 años, momento en el que el nivel de gastos corrientes y endeudamiento suele estar en sus cotas más altas.

El declive de la carrera profesional se produce por sustitución; nuevas generaciones mejor preparadas, obsolescencia del área de competencia o tecnológica, salarios más bajos de los aspirantes más jóvenes, etc.

Objetivos prioritarios

No se trata tanto de conseguir un nuevo empleo mejor remunerado o más estable sino que se trata de aprender a gestionar la carrera profesional en el largo plazo en un entorno completamente cambiante. Se trata de mantener o acrecentar el nivel de empleabilidad para poder aprovechar las oportunidades adecuadas a cada ciclo vital. Se trata, en suma, de desarrollar las capacidades para gestionar las amenazas de sustitución de forma no tanto preventiva o reactiva como proactiva.

¿Por qué?

Porque no se entiende como las personas suscribimos obligaciones a largo plazo, como hipotecas a 25 o 30 años, que determinan nuestro futuro y sin embargo no somos capaces de planificar con la misma determinación para dotar de esa misma certeza a nuestra carrera profesional.

De lo que se va esto realmente

Cuando hablamos de gestionar nuestra carrera profesional refiriéndonos a conceptos como empleabilidad, estamos hablando realmente de gestionar nuestra marca, lo cual será clave para determinar nuestras posibilidades futuras. Nuestro trabajo es nuestro producto y nuestra reputación es nuestra marca.

Pero, ¿como podemos planificar un futuro que previamente hemos definido como caracterizado por una alta volatilidad y con niveles de incertidumbre crecientes? La respuesta no es del todo sencilla: no podemos conocer el futuro, pero podemos programar el éxito. Por programar el éxito nos referimos a crear las condiciones necesarias para alcanzar los objetivos previamente mencionados, saber qué tipo de cualidades y competencias tenemos que desarrollar o reforzar en cada momento y, lo más importante, saber manejar los tiempos para tomar las decisiones correctas en el momento preciso.

Veamos un ejemplo: cuando un bailarín se prepara para triunfar en un gran ballet, sabe que superado un límite de horas dedicadas al baile (se considera que 10.000 es el estándar para dominar una disciplina), aumentar la carga de trabajo no le reportara mayor beneficio sino que incluso podría resultar contraproducente. Además del desempeño específico, el bailarín sabe que tiene que desarrollar otro tipo de cualidades y habilidades complementarias; ha cuidar su dieta para mantener su peso y aspecto estético, debe trabajar la flexibilidad para prevenir lesiones, educar la musicalidad y el sentido del ritmo y también ha de trabajar otras áreas no directamente relacionadas como por ejemplo las relaciones públicas o la promoción personal. De la misma forma, cualquier trabajador ha de conocer las variables que influyen en su éxito profesional y la manera en que unas influyen sobre otras para encontrar el equilibro óptimo. Así determinadas variables actúan como palancas que activan otras variables cuyo estado a veces depende no de la acción directa sobre las mismas sino del efecto provocado por el resto. Más adelante profundizaremos sobre estos ciclos causales y sus efectos, pero previamente tratemos de identificar cuales son las categorías de variables más relevantes.

Primero lo primero

Toda gran marca comienza con un sueño; es lo que se define como visión o propósito último. Dado que la claridad de objetivos es requisito indispensable para la consecución de los mismos, al igual que sucede con cualquier marca en el ámbito personal y de gestión de la carrera profesional es crucial una definición lo más concreta posible sobre los objetivos vitales que nos mueven más allá de una mera definición funcional; hablamos de descubrir nuestro propósito vital, nuestra aportación al mundo.

Haz lo que amas, ama lo que haces

Descubrir nuestra vocación verdadera, aquello para lo que estamos hechos, nuestro talento especial, aquella actividad a la que nos podríamos dedicar incansablemente sin que nuestra motivación desfallezca. En conjunción con la visión, definir una misión contribuye a ayudarnos a desvelar quien somos verdaderamente y descubre aquello que nos hace únicos; en ocasiones este carácter único viene marcado por algún rasgo incluso disfuncional. El ejemplo del actor Danny DeVito es elocuente en este sentido, con su 1,52 m no encaja exactamente en los estándares del galán de Hollywood y sin embargo su aspecto y personalidad son perfectos para convertirse en la estrella de la comedia que es. Atender la llamada de la vocación es una de las mejores garantías de éxito porque activa de forma superlativa la variable de la motivación que es el factor determinante del logro profesional, como veremos en la segunda parte de este artículo.

El don de la oportunidad

Tan importante como el qué y el como es el cuando. Hay personas que parece que tienen la cualidad de saber ejecutar sus movimientos en el momento justo. En realidad esa cualidad se puede racionalizar de modo que podamos conocer cual es el momento adecuado para dar un giro a nuestro rumbo. Esta capacidad de reinvención es la principal arma contra la amenaza de sustitución; es más, la sustitución última es la que uno es capaz de hacer de sí mimo. El maestro de este arte es Arnold Schwarzenegger, seis veces Mr. Olympia, estrella de cine y actor mejor pagado de la industria a principios de los 90, emparentado con la familia Kennedy y gobernador de California durante dos legislaturas consecutivas. Viendo el gráfico adjunto llama la atención el hecho de que el austriaco antes de siquiera haber cosechado éxitos relevantes en la carrera profesional que estaba desempeñando en cada momento, ya estaba preparando su siguiente salto profesional.

“El comienzo fue muy difícil para mi. Me dijeron los agentes y en los casting que mi cuerpo era muy extraño, que tenía un acento gracioso y que mi nombre era muy largo. Me dijeron que tenía que cambiarlo. Básicamente, en cualquier sitio que me presentaba, me decían que no tenía ninguna oportunidad.”

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Ante estas reflexiones surge la pregunta inevitable de como saber cuando estamos en el momento apropiado para empezar a sembrar la semilla de lo que será el siguiente gran movimiento en la carrera profesional. La clave para tomar esta decisión es mirar a la variable que mide nuestro nivel de empleabilidad. Cuando este llega a su máximo nivel en el desempeño de la ocupación actual es el momento de cambiar, para lo cual ese cambio debería haberse preparado e iniciado mucho antes, tal como demuestra la gráfica de la carrera de Arnold Schwarzenegger. El momento más apropiado es hacia la mitad de la parte ascendente de la curva, aún no hemos conseguido maximizar nuestra ocupación actual y sin embargo comenzamos a preparar nuestro siguiente paso. Esto obviamente es muy exigente y requiere una gran energía y determinación y es la causa principal por la cual muchas carreras profesionales se agotan o pierden continuidad.

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En la siguiente entrega que continúa este artículo explicaremos cuales son las variables principales para la gestión de la carrera profesional, como se relacionan en ciclos causales y como, en definitiva, podemos utilizar dicha información para planificar y gestionar nuestra propia marca utilizando un modelo de dinámica de sistemas complejos.

About Valentín Iglesias

Consultor de marca, diseñador y guitarrista de jazz.

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